Rinoplastia – El perfil ideal

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Dicen que la nariz imprime carácter. Sin embargo, su desproporción puede restar equilibrio y armonía al resto de las facciones. Con la rinoplastia, una de las operaciones estéticas más meticulosas y precisas, y también una de las más agradecidas, se puede conseguir una nariz equilibrada respecto al resto del rostro con un aspecto absolutamente natural.

De todas las operaciones estéticas, la de la nariz o rinoplastia es la más meticulosa y exige una gran precisión: “un milímetro más de raspado de un dorso de la nariz puede cambiar completamente el resultado”, apunta el Dr. Jorge Planas, director médico de la Clínica Planas de Barcelona y uno de los mejores especialistas en rinoplastia. El cirujano plástico que la practica necesita un sentido artístico desarrollado, pues ha de tener en cuenta características como la raíz de la nariz, el dorso, la punta, las alas, los ángulos…

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Y ante la pregunta de cuál es la nariz ideal, la respuesta no se hace esperar: ¡no existe! “La nariz se tiene que ver en una cara. Una nariz, por muy bonita que sea, en según qué rostro es un desastre. Además, hay muchas narices bonitas”, apunta el Dr. Jorge Planas. “No se puede hacer la misma nariz en caras diferentes. No es lo mismo una cara delgada, una cara ancha o una cara alargada… Hay que tener en cuenta los ángulos faciales del paciente (el nasofrontal o raíz nasal, el nasolabial y el mentolabial), así como la estatura y la complexión (si es alto, bajo, corpulento o delgado). Por ejemplo, no necesita el mismo enfoque una persona baja, muy delgada, con una cara de pequeñas dimensiones y un cabello fino que otra alta, de figura sólida, rostro de facciones amplias, estructura ósea prominente en pómulos, mentón y punta de nariz y melena voluminosa. Son muchos los factores que contribuyen a determinar la elección de una nariz”, añade. Pero aún suma otro más a los anteriores: el grosor de la piel. Así, si la piel es gruesa y poco elástica, es cierto que esconderá pequeños defectos, pero el resultado de la operación será menos visible y la posibilidad de reducción menor. Si por el contrario, la piel es fina y elástica, una nariz perfecta quedará impecable, conseguirá una reducción menor y se acomodará mejor a la nueva estructura ósea y cartilaginosa que le sirve de soporte.

Perfiles
idóneos

Alargar una nariz corta, acortar una larga, aumentar una nariz pequeña, reducir una grande eliminando el famoso “caballete” o giba, estrechar una nariz con un puente ancho o subir la punta caída de una nariz… Con la rinoplastia, hoy se puede conseguir modificar cualquier tipo de nariz. Sin embargo, hay que ser cuidadoso a la hora de elegirla. Se trata de una parte destacada de la cara cuyo equilibrio sumará o restará armonía y atractivo a las demás facciones. Según afirma el Dr. Jorge Planas en su libro Cirugía estética sin trampa ni cartón, “la nariz debe pasar desapercibida y dejar protagonismo a la mirada y la sonrisa. Ahora bien, si es desproporcionada con respecto al resto de la cara, cobrará ese excesivo protagonismo, por lo que el cirujano debe buscar un resultado natural y conseguir un tamaño proporcional al resto de las facciones o, en otras palabras, un tamaño armónico con el conjunto del rostro. Así, huirá de narices respingonas, pinzadas, que muestran orificios, demasiado pequeñas… en resumen, que puedan llevar el letrero de ‘nariz operada’”.

¿Me opero?

Dos motivos pueden mover a alguien a cambiar la forma de su nariz. Uno es el puramente estético, para tenerla “más bonita”, pero también puede obedecer a una dificultad respiratoria. La nariz es un órgano que cumple una función esencial: la respiración. Sin embargo, hay mucha gente que tiene dificultad respiratoria ya bien por causas congénitas (desviación de tabique, hipertrofia de cornetes) o por haber sufrido un traumatismo nasal (caída en la infancia o por un accidente)… y aprovecha la operación no sólo para mejorar su respiración (septoplastia), sino también para hacer algún cambio estético (rinoplastia). “En cualquier caso, lo que está claro es que si bien antes un paciente no se atrevía a confesar motivos estéticos en una rinoplastia, hoy en día ni hombres ni mujeres consideran necesario utilizar ese pretexto. Se operan, simplemente, porque quieren tener otra forma en su nariz”, comenta el Dr. Planas.

Rinomentoplastia e injertos

Cuando alguien se opera la nariz, puede tener la opción (siempre que el cirujano la sugiera) de modificar ciertos aspectos de su rostro. La rinomentoplastia es la combinación de la operación de nariz con el aumento de mentón. “El rostro es algo global. No se puede operar la nariz y dejar el resto de la cara a un lado. Para que todo sea armónico, hay veces que se necesita retroceder o avanzar el mentón (con grasa u osteotomía), ya que frente y mentón entran en una misma línea de plano”, comenta el Dr. Jorge Planas.

Aparte del tratamiento del mentón, también hay casos de aumento de nariz, bien en narices orientales o africanas o en narices postraumáticas después de accidentes. Para ello, a veces es necesario injertar hueso extraído previamente de otra zona del organismo del propio paciente (cresta ilíaca, cubito o calota craneal) “o una aportación mía que es una pasta realizada con polvo de banco de hueso unido a factores de crecimiento propios (de la sangre). Esta pasta se inyecta encima del hueso, que se aviva para que prenda y forme nuevo hueso”, comenta el Dr. Planas.

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